Hoy voy a confesar uno de los rasgos más caracterizadores de mi personalidad: cuando mi mente no está realizando una actividad que implique demasiada concentración, tiene la manía de cuestionar absolutamente todo lo que le rodea para hacerlo maravilloso o, por el contario, desestimarlo llegando, incluso, a aborrecerlo. No suelo ser imparcial ante casi nada y mucho menos ante las realidades sociales. "Nunca se alcanza la verdad total,ni nunca se está totalmente alejado de ella". Aristóteles.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
Los contrastes de mi vida.
Hoy voy a confesar uno de los rasgos más caracterizadores de mi personalidad: cuando mi mente no está realizando una actividad que implique demasiada concentración, tiene la manía de cuestionar absolutamente todo lo que le rodea para hacerlo maravilloso o, por el contario, desestimarlo llegando, incluso, a aborrecerlo. No suelo ser imparcial ante casi nada y mucho menos ante las realidades sociales. miércoles, 24 de noviembre de 2010
El concepto trágico del amor.
Regálame la clave exacta para quererte en tu justa medida, para no sobrepasarme ni quedarme corta. Porque tú eres así, exacta, sin dar cabida a la originalidad, a la espontaneidad. jueves, 5 de agosto de 2010
Once minutos.

Como complemento a todo esto, solo me gustaría mencionar algunas ideas que he extraído de un libro que ayer mismo terminé y del que ya dejaba algunas pinceladas en la entrada anterior. Se trata del libro "Once minutos", de Paulo Coelho.
El libro cuenta la historia de una chica brasileña que decide trabajar como prostituta por su cuenta y riesgo en Suiza, guiada por una serie de decisiones erróneas que la llevan hasta allí, sin darse cuenta de que su futuro, realmente, está en sus manos, y que las decisiones no las toma el destino por ella, sino que en su mano está realizar sus sueños.
Como he dicho anteriormente, los libros son mágicos porque nos permiten crear nuestras propias interpretaciones, y así lo he hecho yo con este. Y es que, ¿acaso no es nuestra vida así? A veces (muy a menudo) tengo la sensación de que ignoramos que tenemos en nuestras manos la capacidad para ser felices, pero casi siempre dejamos escapar las oportunidades porque nos da miedo afrontar cambios, porque es más fácil someternos a lo que ya conocemos. Lo malo es que la vida no es como nos la han contado, y es una gran mentira que los sentimientos no se pueden controlar. Sí que se pueden controlar, modificar, someter, reprimir. No tenemos más que pensar en todos los momentos que hemos dejado pasar, todos los abrazos que no hemos llegado a dar, las palabras que jamás dejamos salir, las lágrimas que nadie vio nunca. El problema es que eso es lo que nos hace ser más inseguros y menos felices, controlar nuestros sentimientos, es lo que nos desgasta por dentro. El mismo hecho de saber que el destino no lo controla nadie ni nada por nosotros, somos nosotros los que construimos nuestro futuro, los que sentamos las bases de nuestra existencia; pero nos cohibe el miedo, nos aterra ser felices, por paradójico que suene. El ser humano es inseguro por naturaleza.
Nuestra vida, en algunos momentos, es como la de esa chica que tomó mal sus decisiones y pensó que no había marcha atrás, sin darse cuenta de que la vida, ya de por sí, nos regala un amplio abanico de oportunidades.
jueves, 20 de mayo de 2010
El error es vivir esperando...
Hace poco alguien me dijo que había cambiado, pregunté porqué y no supo que contestarme, su conclusión fue, que, tal vez, simplemente había cambiado su percepción sobre mí. Esto me dió que pensar, me sigo considerando más o menos la misma persona pero si vuelvo la vista hacia atrás (y tampoco he de retroceder tanto...) me doy cuenta de cuanta razón tiene.
En este último año he aprendido mucho. No puedo decir que haya tenido una mala experiencia que me haya hecho endurecerme (sólo los típicos altibajos que puede tener cualquier persona), pero sí he conocido a mucha gente: personas que no había visto en mi vida, otras de las que no me había percatado e incluso gente que siempre estuvo ahí. Creo que de todos vosotros he aprendido algo, tal vez por conversaciones, tal vez por hechos, tal vez por ser simplemente como sois, cada uno tiene su visión del mundo, y cada uno me ha hecho ver las cosas de distintas maneras para poder llegar a verlas de la mía propia.
Por el camino he perdido cantidad de cosas, no materiales, se ha ido la confianza que en algún momento hubo. Pero también he ganado, me habéis enseñado.
He aprendido que todo el mundo miente y que, como aquel que dice, no es oro todo lo que reluce. He escuchado tantas versiones de una misma historia que hasta me dan pena los protagonistas. He descubierto que la basura existe y que los basureros no se preocupan por las ratas. He comprobado la velocidad del sonido gracias al "de boca en boca". He decepcionado, estoy segura, y me han decepcionado, por descontado. He llegado a un límite y he dado la vuelta, ahora soy yo, ayer, y mañana. No hay más remedio que aceptar las cosas tal como vienen, no queda otra que dejarlas estar...no, prefiero ponerme a prueba, gracias. He dejado de creer en muchas cosas, pero siempre está la excepción que confirma la regla...
Aunque también he aprendido que toda experiencia merece la pena, que hay conversaciones que enamoran, que fascinan, aunque sean de la mayor estupidez del mundo, a ver quien suelta la burrada más grande, largos paseos, fotos, canciones y más canciones, textos y más textos, minimalismo.....
Y lo que me queda....porque hay gente a la que echo de menos y gente a la que no... y porque otras veces, lo que echo de menos, son las sensaciones.
y la solución... vivir sintiendo.
lunes, 12 de abril de 2010
Entre falsetes y silencios...
Así que ojo, se ha dicho. Atentos a las semicorcheas en forma de tren desbocado terminando en tresillo. Toda obra tiene su parte complicada; como la vida de cada uno, vaya. Pero la amplia ligadura que enlaza primera y segunda frase, el antes y el después, el hoy y el mañana, no se puede romper. Perdería la canción coherencia, expresión.... Ritardando provocado, en lenguaje musical y Parón y media vuelta se dice en la calle.
Pero han ido a dar con la más tonta. Me han elegido a mí para interpretar la propia sinfonía de mi vida, o de la nuestra; no he pensado enfoque todavía. Lo que sí sé es que no será nada lento. Más bien un moderato con fines de semana en swing. Síncopas de ponche con cola y platillazos cerrando compás. Una locura: timbales, viento madera retumbando, xilófonos valientes, cajas, bombos. Y de repente el dulce solo del niño. Paz, tranquilidad: dos días, a lo sumo tres. El arco del contrabajo en ataque de histeria, la tuba afónica con ganas de revancha, cuatro gotas de arpa, tambores, triángulo, redoble… y A Tempo.
viernes, 26 de febrero de 2010
Arriesgar, tan fácil como eso, o ¿no?...

Pares o nones. Piedra, papel o tijera. Lanzar un dado al aire. Elige: ¿izquierda o derecha?
A veces no resulta todo tan fácil como un juego pero sí que se persigue el mismo objetivo: la meta. Ganar con tu apuesta. Que el papel envuelva la piedra todopoderosa que se carga a las tijeras que nos daban en el cole para recortar cartulina; una desfachatez de tijeras a prueba de subnormales (el que consiguiera cortar por el borde merece extenso reconocimiento). Los dados que se empeñan en 'trucarse' con tal de joderle a uno la suerte que le brinda el cubilete. Y cuando te dan dos manos a elegir siempre te decantas por el malo; o el menos bueno, siendo optimistas.
A veces la vida se resume a eso: juegos de niños. ¿Qué sería de nosotros sin la avaricia y el temor a perder? Porque eso es lo único que incrementa las ganas de jugar: perder; perderlo todo. Bancarrota, o quiebra, que le llaman ahora.
El problema es que quien no apuesta no gana y únicamente el afán del gran panel con exquisito bote acumulado para ganar es lo que nos hace tragar saliva y decidirnos a lanzar los dados, casi con ganas de que todo se lo lleve el viento...
Yo lo tengo claro. El trepidante juego infantil en el que se ha convertido mi día a día no permite bajas por depresión. Se parece a Jumanji pero sin peligro de muerte. No saldrá una jungla de un tablero pero sí estás obligado a jugar. Y como en una buena película de domingo por la tarde, sabes que acabarás ganando. ¿Se imaginan que Jumanji se tragara para siempre a los protagonistas? ¿Qué gracia tiene eso?
Los juegos de niños son, entonces, sólo metáfora. Y a veces ni siquiera pueden jugar los niños. Casinos, ruletas; todo al rojo. Si se gana, se gana. Y si no, también. Ahí está el verdadero secreto de los grandes divertimentos: incluso aquel que pierde está contento de tener con quién jugar.